lunes, 20 de diciembre de 2010

REAL MADRID 4-2 OLYMPIQUE MARSELLA 16/09/2003

De -----------BLANCA EFEMERIDE-------------


LIGUILLA PREVIA 1
Fecha: 16-9-03; Estadio: Santiago Bernabéu (Madrid)
REAL MADRID CF - OLYMPIQUE MARSEILLE (FRA) 4-2
Arbitro: Wolfgang Stark (GER)
Goles:
0-1. M. 25. Drogba, tras un rechace.
1-1. M. 28. Roberto Carlos, de volea, a pase de Beckham.
2-1. M. 32. Ronaldo, de tiro cruzado.
3-1. M. 57. Ronaldo, tras una buena jugada de Zidane.
4-1. M. 60. Figo, de penalti.
4-2. M. 83. Van Buyten, de cabeza tras un saque de córner.
Unos 50.000 espectadores en el Bernabéu.
REAL MADRID, 4;
Casillas; Míchel Salgado, Pavón, Raúl Bravo, Roberto Carlos; Beckham,
Cambiasso (Guti, m.73); Figo, Raúl, Zidane (Portillo, m.85); y Ronaldo (Solari, m.85).
OLYMPIQUE M., 2 :
Runje; Beye, Van Buyten, Hemdami (Vachousek, m.61), Meite, Ecker; Celestini,
Meriem; Marlet (Johansen, m.37), Drogba (N'Diaye, m.66) y Mido.


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Beyé intenta parar a Ronaldo.

El Madrid es un huracán

El Marsella se adelanta en el marcador, pero acaba aplastado por el fútbol sublime de los blancos

JOSÉ MIGUÉLEZ - Madrid - 17/09/2003

Cuando el Madrid ruge, se acaba la discusión. Cuando su fútbol se enciende, se juntan sus futbolistas de colección y se ponen de acuerdo para, cada uno con sus cosas, irrumpir a la vez sobre el partido, ya no hay nada más que hablar. El Madrid se merienda entonces todo lo que se le pone por delante. No pregunta, simplemente aplasta. Tiene tal cantidad de recursos, y tan variados, que no hay respuesta. Si se agrupan todos de golpe, no existe la manera ni de pedir socorro. Eso le ocurrió ayer al Marsella, que durante un buen rato se sintió dentro del partido, con el rival sujeto. Que incluso se puso por delante. Pero que no supo qué hacer cuando se despertó la bestia, cuando, precisamente al sentir la herida del marcador en contra, el Madrid se enfureció.

El huracán duró un cuarto de hora. Pero fue una pasada. De pronto, todos los buenos se juntaron. Zidane comenzó a recitar poesía con el balón y Beckham se puso a pintar curvas con sus centros; Ronaldo se retrasó unos metros para entrar por el área como un búfalo y Raúl encontró agujeros por donde asomar la inmensidad de su astucia; Figo empezó a bailar regates por su callejón y Roberto Carlos a regalar la descomunal fuerza bruta de su pierna izquierda. Y hasta Salgado, que sigue ahí empeñado en subirse al escalón de arriba, volvió a disfrazarse del mejor de los extremos. Todos juntos, todos a la vez. Cuando el Marsella acertó a levantar la vista, cuando encontró un segundo de paz tras el vendaval de fútbol, no sólo ya perdía, sino que ya no tenía nada que hacer.

Y eso que el estreno europeo del nuevo Madrid arrancó con dudas. Porque el equipo, aunque luminoso, no se parecía a un equipo. El Marsella, con una presión pegajosa y bastante adelantada, había conseguido incomodar su posesión de pelota. El Madrid jugaba, dejaba algunos detalles de los que está sobrado, pero sin mucha trascendencia y siempre de forma individual. Pero apenas llegaba. Lejos de eso, amagaba con sufrir, con pasar miedo ante las subidas, aunque no demasiado decididas, de sus rivales.

De hecho, más bien por pura casualidad, el Marsella se encontró de pronto por delante. Fue un error de Cambiasso, que dudó entre controlar de espaldas o despejar y acabó por regalarle la pelota a Mido en el balcón del área. El egipcio se fue a trompicones de Salgado, del propio Cambiasso y de Beckham y lanzó un tiro pifiado que se encontró Drogba en el corazón del área para fusilar. No estuvo muy despierta la zaga madridista, pero tampoco muy afortunada. El Marsella se encontró sin querer con el 0-1 y, misteriosamente, con su sentencia de muerte.

Porque fue precisamente entonces cuando el Madrid se enchufó al partido, cuando se volvió imparable. Cuando se dejó llevar por el lujo y el fútbol excesivo y puso a hervir de excitación el Bernabéu. Por calidad y por cantidad arrinconó al Marsella junto a su portería y lo trituró a ocasiones. Daba y daba el Madrid, casi sin pestañear, y de la tunda salió con el marcador dado la vuelta. Sólo fueron dos goles, dos golazos, pero la sensación de superioridad fue tal que cuando alcanzó el 2-1 ya se supo que el partido había concluido.

La alegría del Marsella sólo duró dos minutos. Dos jugadas después, Roberto Carlos mandó de volea picada a la escuadra un centro delicioso de Beckham, y cinco minutos más tarde Ronaldo empujó a la red una jugada maravillosa de Salgado, cada vez más por encima del techo que se le suponía: tuvo coraje para irse de Mido, habilidad para deshacerse de Meite y delicadeza para regalarle el gol a Ronaldo. Salgado se siente el más fuerte, con oxígeno para estar en todos lados. Y también se ve con carácter, hermano mayor de los pavones y el que tira del carro de todo el equipo cuando vienen mal dadas.

El Madrid bajó el pistón tras el descanso, pero no su estado de excitación y sus ganas de fútbol y de fiesta. En otra época, es posible que el equipo blanco se hubiera frenado en seco, a especular con el resultado, a manejarlo con supuesta inteligencia para ahorrar esfuerzos. Pero ayer no. Ayer pudo más que la economía, la sonrisa de oreja a oreja con la que jugaron las estrellas. El Madrid no sólo jugaba, disfrutaba. No quería que el partido se acabase nunca. Por eso, y aun sin alcanzar el tramo de fútbol total que sucedió al 0-1, siguió deleitando y deleitándose.

Con un sobresaliente general, con Zidane un punto por encima, haciendo las cosas más bonitas que nadie es capaz de hacer con un balón, el Madrid fue engordando la goleada. Y hasta se permitió el gustazo de añadir más talento a su cuota (Guti entró por Cambiasso), a desafiar un poco más las leyes del equilibrio. Concedió un gol en contra al final, en un salto que perdió Pavón, pero le dio lo mismo. Debutó en Europa con un atracón de fútbol y goles. Y durante un cuarto de hora, cuando encendió a la vez todas sus luces, se sintió de verdad el equipazo.


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Queiroz se queja de los goles que recibe el Madrid

El equipo ha encajado ocho tantos en seis partidos desde el comienzo de temporada

A. GIMÉNEZ / D. TORRES - Madrid - 17/09/2003

"No me gusta nada que el equipo haya recibido cuatro goles en los últimos dos partidos [dos tantos ayer y dos en Liga, contra el Valladolid]", dijo Carlos Queiroz, entrenador del Madrid, al término del encuentro disputado ayer frente al Olímpico de Marsella. El dilema de la sábana corta se hizo patente tras un partido demasiado espectacular para el gusto de un técnico. El Madrid mete goles con una frecuencia abrumadora, pero no puede dejar de recibirlos. Con los cuatro tantos de ayer lleva 18 goles en en seis encuentros. Pero ha recibido ocho. Nada es perfecto, ni siquiera éste proyecto del

Más allá de las lamentaciones, Queiroz no ahorró elogios a las labores de contención del Madrid, especialmente las de "Pavón, Raúl Bravo, Cambiasso y Beckham". En esto estuvo de acuerdo un defensa, Salgado: "Este equipo tiene una movilidad y ofrece una cantidad tan grande de opciones en ataque que es imparable, si jugamos como hoy. Las posibilidades de pase son enormes del medio hacia adelante y al rival se le hace muy difícil defender. Pero también hemos jugado como un equipo en defensa. Robamos muchos balones y eso lo debemos al trabajo de Cuchu Cambiasso y Beckham, que han ayudado muchísimo a presionar".

Queiroz agregó en la conferencia de prensa: "De acuerdo que el juego de ataque ha sido muy bueno, pero también hay que valorar la disciplina que hemos mostrado en la zaga durante todo el partido. No se puede atacar bien sin un adecuado trabajo defensivo".

Por segunda vez desde que arrancó la temporada oficial -la anterior fue en Vila-real, en Liga- el Madrid se encontró con el imperativo de remontar un resultado adverso. Pero no le costó mucho, sólo cinco minutos, lo que tardó Roberto Carlos en conectar de volea un pase templado de Beckham. Y lo que dedicó Ronaldo en cruzar el balón al portero Runje para colocar en e marcador el 2-1. "En los primeros lances del encuentro el Olímpico nos creó muchos problemas por su organización defensiva. Pero el equipo mantuvo la serenidad, no cambió su modo de jugar. Siguió tocando con velocidad, con mucha verticalidad, y por eso, pudimos desarmar la buena disposición defensiva del rival", explicó el entrenador madridista. Ronaldo dijo: "En este equipo siempre han existido los problemas defensivos. Hay dificultades. Estamos muy preocupados por ello. Así que jugamos muy concentrados en estar bien posicionados", señaló Ronaldo, que ayer anotó dos goles. El brasileño luce nuevo traje. No ha perdido voracidad goleadora. Pero muestra también un papel de futbolista trabajador hasta la fecha casi desconocido. Ya lo hizo en Valladolid y ayer repitió: pelea los balones divididos, corre hacia la banda, se anticipa al defensor rival y mantiene la posesión del balón para su equipo. "Estoy muy contento. Pero estoy más contento aún por lo bien que lo está haciendo el equipo. Hemos jugado muy bien y sabemos que en cada partido hay que hacer lo posible por marcar muchos goles. Así debe ser", apostilló el brasileño.

Beckham es otro de los que se emplea en labores de contención, en el medio, y no en la banda como intentó Queiroz en pretemporada. El técnico está muy satisfecho: "La pareja Cambiasso-Beckham en el medio campo está jugando muy bien. Hemos sabido adaptarnos a la situación y nuestro fútbol resulta, por momentos, espectacular. Esto debe continuar", explicó el ténico.

Los jugadores preferían el doble pivote con Beckham en el medio. Y esa era la idea que tenía Del Bosque, el ex técnico. Poner a Beckham en el medio centro.
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